¿Qué hacer con la concentración mediática?

La ley audiovisual tenía como objetivo generar mayor competencia y ampliar los márgenes de diversidad y pluralismo. Uno de los caminos para lograrlo consistía en reducir la concentración en la propiedad de los medios. Esa búsqueda quedó trunca por la resistencia de las empresas afectadas y por la aplicación deficiente de la norma en este aspecto.

La llegada de Cambiemos en diciembre de 2015 terminó de cerrar toda posibilidad de poner barreras a la expansión de los holdings más poderosos. El DNU 267 sintetizó la mirada de la nueva gestión: flexibilizó controles para la compra de empresas y las restricciones al acaparamiento del mercado audiovisual. En la televisión por cable, barrió con cualquier tope a la cantidad de licencias en manos de un mismo operador. La fusión de Telecom y Cablevisión, autorizada sin mayores requerimientos, fue la materialización de ese enfoque que tuvo a Clarín como principal beneficiario.


Cuando se ha producido, el cuestionamiento sobre las consecuencias de la concentración mediática no logró generar la capacidad de implementar soluciones realistas. Esta última tarea parece más complicada de lo que se suponía. Una acción en este sentido asoma como demanda de algunos de los sectores de sustentación de un futuro gobierno, si se confirman los números de las primarias. Pero el panorama mediático se ha transformado desde la sanción de la ley audiovisual y desde la llegada del macrismo al Ejecutivo. Esta transformación se explica por decisiones políticas, empresariales y por las novedades tecnológicas. Para alcanzar soluciones factibles sobre este problema deben darse algunos pasos imprescindibles.