11.2 C
Buenos Aires
martes 28 de septiembre de 2021
Cursos de periodismo

Qué hacer con los cadáveres en el Himalaya

Desaparecidos desde el pasado 5 de febrero en la zona somital del K2 (8.611 m), en pleno invierno del Karakorum, los cuerpos del pakistaní Ali Sapdara, del islandés John Snorri y del chileno Juan Pablo Mohr fueron hallados el pasado 26 de julio por un equipo de guías de la etnia sherpa de Nepal mientras equipaba la ruta clásica del Espolón de los Abruzzos. La última persona que vio al trío con vida fue Sajid Sapdara, hijo de Ali: con las primeras luces del 5 de febrero, su regulador de oxígeno artificial dejó de funcionar y decidió renunciar a la cima. La temperatura rondaba los 40 grados bajo cero y el grupo afrontaba el Cuello de Botella, la parte más técnica y comprometida de la montaña. Sin saberlo, Sajid se despidió entonces para siempre de su padre, del cliente de éste, John Snorri, y del chileno Mohr, quien ascendía sin la ayuda de oxígeno artificial y deseando poder dedicar la cima a su amigo español Sergi Mingote, fallecido días atrás cuando trabajaba en su aclimatación. Cuando muere un alpinista, arranca el dolor y las preguntas sin respuesta de sus familiares.

Los sherpas se toparon con los restos de Mohr a 7.955 metros, muy cerca de donde se ubica habitualmente el último campo de altura antes de ir a la cima. El 5 de febrero, el campo de altura se hallaba a 7.330 metros: en su tienda, Sajid mantuvo una luz encendida toda la noche para guiar al trío, pero nunca llegó a verles. El cuerpo de Ali se halló a 8.300 metros, atado a una cuerda fija, igual que el de Snorri, apenas unos metros por encima. Todos murieron cuando bajaban, como lo prueban los aparatos descensores instalados en los arneses de Ali y John y unidos a las cuerdas fijas. Esa noche, la intensidad del viento creció: el cansancio y el frío extremo segó casi con total seguridad las tres vidas. El hallazgo de los cuerpos, el 26 de julio, fue un alivio para Sajid, quien también se encontraba de regreso en la montaña con la idea de rescatar los tres cadáveres. También le obsesionaba la idea de descubrir qué ocurrió desde el momento en el que se separó del grupo: ¿alcanzaron la cima?, ¿se quedaron cerca?, ¿sufrieron algún accidente? Sajid recuperó cámaras, GPS y relojes de los cuerpos con la intención de reconstruir el viaje de los tres alpinistas. De momento, no ha trascendido su periplo, aunque es seguro que no se habían perdido en la ruta y que no sufrieron accidente alguno.

elpais.com  (elpais.com)