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sábado 24 de octubre de 2020
Periodismo . com

¿Qué hay detrás del aparente «conflicto» que supone que la homosexualidad haya «sobrevivido» a la evolución?

¿Quién no ha leído a estas alturas que los bonobos, esos parientes cercanos de los chimpancés tan “sociales”, pasan buena parte de su día practicando sexo, con individuos de su sexo o del otro, como sistema de cohesión social?1 ¿O no sabe de las “sorprendentes” parejas de dos hembras de albatros de Laysan, que pasan sus vidas juntas empollando huevos, montando el nido y alimentando a los polluelos? ¿O de las interminables congas de machos de Drosophila melanogaster cortejándose unos a otros a causa de tener mutado un gen llamado Fruitless?

No hay que ser especialmente perspicaz para darse cuenta de que los comportamientos “homosexuales” (dirigir el interés sexual a individuos de tu mismo sexo) existen, además de en la nuestra, en decenas de especies animales.

El inventario recoge animales de muy diversos taxones: anfibios, insectos, gasterópodos, aves…. y, por supuesto, mamíferos2. Algunos de los animales de estas especies viven en grandes grupos sociales (como el bisonte) o en solitario (como el sapo común). Y en ellas los comportamientos homosexuales a veces se observan entre dos machos (como en el gorgojo de la harina), entre dos hembras (como en el macaco japonés), o en ambos sexos (como en los delfines nariz de botella).

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