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miércoles 20 de octubre de 2021
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Que la financiación pública esté del lado correcto de la historia

Desde el punto de vista económico, la generación de energía a partir de fuentes renovables mejoró tanto que ya no se la reconoce. El uso de energía solar ya es la forma de producir electricidad más barata de la historia. Más del 90% de la capacidad de generación de energía que se instaló en todo el mundo el año pasado funciona con fuentes renovables. Pero para poder limitar el calentamiento global a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, se necesita una transformación mucho más rápida de los sistemas energéticos. Y para eso es necesario que gobiernos y organismos de financiación pública dejen de dar apoyo a los combustibles fósiles y prioricen la financiación de la transición a la energía limpia en todo el mundo.

La evidencia científica es clara. Para alcanzar la meta de 1,5 °C estipulada por el Acuerdo de París sobre el clima (2015), el ritmo de la transición energética global tiene que ser entre cuatro y seis veces más rápido que el actual. Los combustibles fósiles todavía suministran el 84% de la energía usada en el mundo y suponen más del 75% de las emisiones. El plan de la Agencia Internacional de la Energía para alcanzar la emisión neta nula en 2050 muestra que hay que lograr que todos los sistemas energéticos del mundo funcionen sin combustibles fósiles en 2040. Pero desde que se firmó el Acuerdo de París, los gobiernos del G20 proveyeron cada año al menos tres veces más financiación pública a los combustibles fósiles (77 000 millones de dólares) que a las fuentes de energía renovables.

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