¿Qué llevó al expresidente de Perú a quitarse la vida?

Doce horas antes de encerrarse en su habitación y suicidarse, Alan García, dos veces presidente de Perú, concedió una entrevista a la estación nacional de radio y televisión RPP, desde la sede de una universidad limeña donde daba clases. Era una noche de martes a mediados de abril, durante Semana Santa, y en la capital peruana hervían rumores sobre el inminente arresto de García. Había sido implicado en un vertiginoso y complejo escándalo transnacional de corrupción que había involucrado a gran parte de la clase política peruana. Ahora, después de meses de silencio, ante a la creciente presión de los fiscales y la prensa, había decidido que era hora de hablar.

Jenny Alvaro, una de las productoras de la entrevista, se reunía con García por primera vez, pero pensaba que sabía qué esperar: el político grandilocuente, teatral y descomunal que había estado presente en el escenario nacional por más de tres décadas. “Siempre lo había visto en pantallas, en mitines, y siempre me habían hablado de que su presencia era imponente,” me dijo Alvaro. En cambio, esa noche García lucía calmado, incluso moderado, con poco de la fanfarronada que en general se asociaba su persona pública. Vestía un traje azul oscuro, una camisa de vestir blanca con el cuello desabotonado, y no llevaba corbata. Su cabello negro, con un mechón gris al frente, estaba peinado hacia atrás y se veía escaso en comparación con la salvaje melena que había tenido en su juventud. Había sido un joven muy atractivo, pero había engordado a medida que envejecía. Era conocido por ser meticuloso con su imagen, por tener opiniones inamovibles sobre los pormenores de sus entrevistas televisadas–qué ángulo de cámara le favorecía, dónde se le debía ubicar en relación con el entrevistador. Pero ahora García era flexible, casi deferente. Alvaro le dijo dónde sentarse y en qué dirección mirar, y cuando, por un momento, pareció dudar de ella, le aseguró, “Le va a sentar mejor. Se verá más joven, señor Presidente.” García se echó a reír.