miércoles 14 de noviembre

¿Qué necesita la Argentina para que se castigue la corrupción?

BUENOS AIRES — La versión argentina de la Lava Jato, la operación que reveló una red de corrupción en Brasil y buena parte del continente, empieza así: de febrero de 2005 a octubre de 2015, cuando el kirchnerismo comenzaba a despedirse del poder, un chofer registró en una serie de cuadernos los eventos de su vida cotidiana. Desde su visita al proctólogo a las veces que acompañó a su jefe a retirar sobres, paquetes, bolsas, maletines y valijas repletas de dinero de sobornos y aportes ilegales a las campañas. Su nombre es Óscar Centeno y trabajaba para el Ministerio de Planificación Federal. Cuando, este año, su minucioso registro llegó a las manos de la justicia argentina, se generó el terremoto político que hoy se conoce como los “cuadernos de la corrupción”.

Apenas estalló el escándalo, algunas piezas empezaron a moverse: un grupo de empresarios —incluido un primo del actual presidente Mauricio Macri—, se acogieron al régimen del arrepentido, la versión argentina de la delación premiada brasileña, y admitieron que entregaron dinero ilícito a funcionarios kirchneristas. Y el lunes 13 de agosto, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner fue llamada a declarar a tribunales.


El caso de los “cuadernos de la corrupción” podría ser el inicio de una revolución política, el punto de no retorno de este país sudamericano para combatir la impunidad en casos de corrupción. Pero será difícil que así sea.

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