Qué pasó en las PASO

Los y las argentinas estamos enamorados de la idea de que la política de nuestro país es tremendamente complicada, excepcional, imposible de entender para alguien que llega desde fuera de nuestras fronteras. Sin duda, la política argentina no es simple, como no lo es la de ningún país latinoamericano en donde las expectativas son altas y los recursos escasos; tampoco se trata, sin embargo, de un arte arcano y complicado. Las decisiones de los actores de nuestro sistema político se guían por una racionalidad instrumental muy parecida a las de cualquier otro en una democracia electoral; los y las electores deciden su voto con dosis parecidas de razonamiento, emoción e intuición a los de otras latitudes. Las negociaciones de los y las políticos fuera de la esfera pública («la rosca», «la mesa chica», «el círculo rojo») por supuesto que existen y condicionan, pero no se trata tampoco de códigos arcanos e inaccesibles para el ciudadano común. No hay una realpolitik secreta, fuera de la caverna, a la que advienen sólo los que accedieron al password secreto y la señal para los iniciados. Una buena regla para leer sobre política es que si el análisis es demasiado complicado, mas que análisis en buena prosa, se trata de poesía creativa, o, en vernacular, verso. En la época de la información constante, de los diarios y portales online que se actualizan durante todo el día, de Twitter y noticieros del cable, es compresible que la pulsión por generar contenido sea muy fuerte; en este caso, a veces menos es más.