viernes 16 de noviembre

Quién es Duki, el fenómeno del trap argentino que cambió las reglas

Es una noche de fines de mayo y Duki no está nominado en ninguna categoría de los premios Gardel, que se están entregando en este momento en la sala sinfónica del Centro Cultural Kirchner. De hecho, Duki nunca editó un disco, ni firmó un contrato con un sello, ni fue invitado a un evento así en el pasado, básicamente porque su carrera empezó hace poco más de un año, cuando decidió que iba a dejar de competir en batallas de rap para dedicarse a componer sus propios temas. Entonces, ¿qué hace este rapero de 22 años sobre el escenario, gritando de manera desaforada que se coje putas como un rockstar, que toma pastillas como un rockstar, acompañado por una orquesta de 30 músicos? Lo que viene haciendo en los últimos meses: está rompiendo las reglas de la industria más rápido que nadie antes que él.

“Ni ensayé, guacho”, dice Duki tres días después de los Gardel, mientras termina de armar un porro en el living de un estudio montado en un PH de Colegiales. Tiene puestos un jogging negro achupinado y una campera de un equipo de béisbol, ojotas tipo Adilettes (con medias) y una cadena de oro gruesa de 120.000 pesos confeccionada por su joyero personal, que se llama Roque pero al que le dicen “Don Rouch”. La cadena brilla tanto que uno casi podría pasar por alto los tatuajes de la cara. Sobre la mesa ratona hay una caja abierta de Hell’s Pizza, su pizzería favorita -y reciente espónsor-, con varias porciones de pepperoni al estilo neoyorquino. Son las seis de la tarde, pero Duki está hambriento: esta es su primera comida del día. (Un rato antes, le había pedido a uno de sus asistentes: “Deciles que esta vez quiero pagar por mi pizza, pero que la traigan rápido”.)


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