martes 18 de septiembre

¿Quién se llevó la democracia de Noam Chomsky?

Noam Chomsky todavía sabe cercenar las piezas ideológicas que produce el complejo militar-industrial desde el cual, capaz de “desvincular completamente su actividad científica de su activismo político”, como dicen las almas bellas del Instituto de Tecnología de Massachusetts, él mismo ha hecho sus propios aportes a la lingüística durante los últimos 60 años. Al borde de los 90, y tal vez con las últimas fuerzas originadas por esa contradicción radical, Réquiem por el sueño americano eleva esta habilidad chomskiana a un grado de paroxismo compatible con el pesimismo más terminal.

Sin ir más lejos: en los Estados Unidos de Donald Trump, dice Chomsky, la única forma de sentido colectivo es la que supo expresarse en un memo interno del banco Citigroup de 2005, donde se afirma que el mundo se divide en dos bloques: las “plutonomías”, donde una minoría de ricos impulsa y en gran medida consume el crecimiento, “y el resto”. Por supuesto, que las sociedades permitan esta “plutonomía” —dice también el memo— significa que una parte considerable del electorado cree que tiene posibilidades de convertirse en “pluto-participante”. En las palabras del propio Citigroup: “¿Para qué matarla, si nos podemos unir a ella?”.


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