martes 16 de octubre

¿Quién toma tus decisiones?

Nos recomiendan películas, nos dicen qué comer, con qué juegos nos vamos a divertir y qué ejercicios físicos hacer. Los algoritmos nos estudian, aprenden y nos ayudan a tomar decisiones y ahorrar tiempo: los datos no dudan. ¿Cómo impacta esto en la construcción de las nuevas familias, chicos, adultos? ¿Estamos perdiendo capacidades reflexivas? ¿Pensamos cada vez menos?

La historia de inventos exitosos que, tras una etapa de vacíos legales, deben ser regulados por sus efectos sociales es extensa. En la actualidad, un producto relativamente nuevo como las redes sociales y otras plataformas digitales omnipresentes y desreguladas han aprendido en poco más de una década a usar el mundo digital como gigantesco laboratorio de experimentación, un laboratorio financiado con miles de millones de dólares para dar con la(s) fórmula(s) mágica(s) que “atraparán” a los usuarios de internet.


La lista de ejemplos es larga: los algoritmos nos estudian, nos agarran de la mano y nos muestran el camino a seguir. Los de Netflix aprendieron algunos de nuestros comportamientos culturales y nos recomiendan películas que podrían interesarnos. Otros han comprendido que en general se prefieren juegos cuya curva de aprendizaje es de un par de segundos. ¿Años para a tocar el piano? No, para qué. Mejor chatear para controlar tiempos y mensajes que hablar cara a cara y sentir el costo de sabernos observados. La promesa capitalista de disfrutar sin interrupciones ni consecuencias es posible en el mundo perfecto del diseño digital. Los algoritmos nos simplifican la vida y nos ahorran “la pérdida” de tiempo de la duda. Gracias a su conocimiento de nosotros mismos, superior al propio, pueden ofrecernos un atajo para maximizar la felicidad potencial que se juega entre quiénes somos y las opciones que nos ofrece el mundo.

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