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viernes 27 de noviembre de 2020
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Radio Gagás: cómo la tele se convirtió en una AM

No, no puedes ser feliz con tanta gente hablando, hablando a tu alrededor. Este signo de los tiempos se verifica en la deriva que ha tenido la televisión argentina de noticias, que ha renunciado a su pretensión audiovisual y de ser nuestros ojos se ha transformado solamente en nuestras orejas.

Donde antes uno sintonizaba rápidamente la radio para dar cuenta de un episodio noticiable, hoy hace lo mismo con la televisión pero paradójicamente estamos en el mismo ground zero. Es que la televisión va a dar cuenta del evento en forma de audio: un movilero random que finge agitación por teléfono, una Carmen Barbieri que manda un audio de whatsapp, una María Laura que repite lo que le están contando por la cucaracha. En un mundo pornográfico en imágenes, la televisión argentina de noticias ha renunciado a ellas, en un raro ejercicio de ascetismo como virtud.

El ineluctable sendero que ha llevado a la tele a ser una radio también tiene su anclaje en los cambios en los hábitos de consumo. La televisión y sus soportes han recorrido un mapa dentro de las casas argentinas hasta terminar en lo que son ahora: radios AM en las que, a veces y solo a veces, nos dignamos a ver imágenes. Pensemos: el televisor estaba en living, años ha. La familia se sentaba frente a la tele a ver algo: generalmente un programa familiar, claro, si estaban todos sentados en el sillón después de la cena. Desde ese kilómetro 0 la tele realizó un curioso camino de Santiago. La primera parada fue el living-comedor, ese engendro de la clase media que permitió que la tele se sintonizara a la hora de la comida. En ese primer rebaje de la caja de cambios de la tele se pasó de los programas family-friendly a los noticieros en la mesa. Cabezas parlantes contando el estado de las cosas fue la semilla de la perdición. Mas luego, inmersos en la era de la reproducción del arte vía falsificación mecánica, las teles llegaron a las habitaciones y en la estación final de su destrucción como medio audiovisual, llegaron a la cocina. Hoy, todos vemos la tele como se ve en la cocina, sin prestarle atención. Haciendo otra cosa, de costado, como ruido de fondo, revolviendo el tuco, destapando el vino, chequeando el homebanking, repasando el boletín de la escuela de tu hijo, navegando por twitter, subiendo una foto a instagram hasta que una palabra que viene de la caja boba nos llama la atención y cogoteamos a ver qué nos dice la tele. Colegimos entonces que la televisión ha involucionado en una radio AM que está en mute hasta que tira una palabra clave, una keyword que habilita la salida de aquello que nos entretiene más para ver qué pasa en la realidad. Igualito que en las prácticas sexuales que requieren palabras claves y esas cosas.

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