Radiografía de la brecha de género en el autismo

Esther tiene 16 años, vive en Madrid y, como hobbie, está aprendiendo a utilizar After Effects, un programa orientado a la posproducción de imágenes en movimiento. “No todos los autistas son iguales: ven el mundo de otra manera, perciben las cosas de otra manera, se expresan de otra manera y miran su entorno de otra manera”. Así explica ella cómo es el mundo al que puso nombre a los 10 años, cuando “por fin” le diagnosticaron TEA (Trastorno del Espectro Autista). La Organización Mundial de la Salud define TEA como “un grupo de afecciones caracterizadas por algún grado de alteración del comportamiento social, la comunicación y el lenguaje, y por un repertorio de intereses y actividades restringido, estereotipado y repetitivo”.

El ambiente de Esther a veces es complicado para alguien con autismo, sobre todo con la llegada de la adolescencia, que es cuando los jóvenes tienden a utilizar frases con doble sentido y las expresiones de moda invaden el lenguaje. “Me renta”, “hacer un next” o “NTR” (no te rayes) son parte de ese diccionario de jerga teenager que dificulta las relaciones de la madrileña y otras personas, como la activista por el clima Greta Thunberg -diagnosticada con síndrome Asperger (que se encuentra dentro del espectro autista)-, con sus compañeros de instituto.


Durante años las investigaciones han apuntado a que existen casi cuatro veces más de varones TEA que mujeres, pero dado el aumento de diagnóstico en niñas, ahora se duda de tal proporción. Por ejemplo, en España no hay datos oficiales de cuántas mujeres con TEA existen.