Ravioli, la cucaracha argentina que es famosa en el mundo

Cuando a las manos de Agustina Lusky llegó una tarántula y ella se vio ante la obligación y responsabilidad de tener que alimentarla, su miedo y aversión por las cucarachas tuvo que transformarse. «Si bien siempre fui muy bichera, las cucarachas no me gustaban para nada. Las respetaba y me daban lástima pero no podía dejar de sentir cierta aversión hacia ellas», recuerda. Consciente de su miedo irracional, se propuso superarlo: «empecé a observarlas de cerca y a tocarlas y, a los pocos días, ya me las estaba poniendo en la cabeza o sacándome fotos con algunos ejemplares en la cara», explica Agustina que tiene una peluquería canina.

Cuando a las manos de Agustina Lusky llegó una tarántula y ella se vio ante la obligación y responsabilidad de tener que alimentarla, su miedo y aversión por las cucarachas tuvo que transformarse. «Si bien siempre fui muy bichera, las cucarachas no me gustaban para nada. Las respetaba y me daban lástima pero no podía dejar de sentir cierta aversión hacia ellas», recuerda. Consciente de su miedo irracional, se propuso superarlo: «empecé a observarlas de cerca y a tocarlas y, a los pocos días, ya me las estaba poniendo en la cabeza o sacándome fotos con algunos ejemplares en la cara», explica Agustina que tiene una peluquería canina.