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martes 26 de enero de 2021
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Redes sociales, policías y canceladores: el enemigo interno

¿En qué momento nos volvimos tan policías, tan soldados de alguna iglesia, auxiliares incluso de todo tipo de servicios de información? Buscadores de pulgas –y felices con la misión–. No pasa semana sin que alguna figura, figurita o figurón sean nominados como presas a ser abatidas por partidas de caza que nunca se sacian, dado que el blanco móvil puede cambiar, no así la predisposición del francotirador, siempre alerta y a la espera del siguiente trofeo. Las trincheras concernidas no importan y tampoco es que sean refugios de inocentes –de todas se eyaculan disparos–. Tales batidas no son un fenómeno exclusivamente local, si bien los localismos cuentan, y no es tarea monopolizada por una agencia estatal específica, como sucede en China, Irán, Vietnam, Arabia Saudita o Corea del Norte –por el contrario, es asumida por el conjunto–. Sería reconfortante considerarlas mera diversión de cuarentena, dado que los aislamientos prolongados en el tiempo crían fantasmas a los que se da escobazos, pero la tendencia a estigmatizar, a perseguir y a suprimir lleva unos cuantos años en las redes y todavía transita su fase de cuarto creciente. No se diría que una sociedad de denunciantes y canceladores sea modelo de altruismo y urbanidad, pero más raro aún es un juego en el cual todos quieren ser vigilantes y ninguno ladrón.

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