martes 17 de mayo de 2022
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Reino Unido: anatomía del golpe contra Corbyn

En el mismo momento que acaba de ser difundido el informe de la Comisión Chilcot (sobre la guerra contra Irak), los diputados que han intentado deponer al dirigente del Partido Laborista Jeremy Corbyn -cuyas figuras de referencia están manchadas por su apoyo a la guerra- llaman a la paz. Una semana en la que se han sucedido las dimisiones de alto nivel, las declaraciones a la prensa, las reivindicaciones, los lamentos y las amenazas, solo han conducido a la consolidación de la posición de Corbyn. En un tiempo récord se ha pasado de un golpe de cobardes a terminar siendo un golpe de cobardes decapitados.

Se trataría de uno de los mayores goles en propia puerta de toda la historia política británica. Los periodistas han seguido los pasos del sentido común que reina en Westminster (sede del Parlamento) al considerar que todo había terminado para la primera dirección socialista radical del Partido laborista. ¿Cómo podría dirigirlo Corbyn si sus aliados parlamentarios no querían trabajar con él (después de la dimisión de varios miembros del “gobierno en la sombra” laborista, es decir, el “gobierno paralelo” de la oposición, el 28 de junio fue votada una moción de confianza por 174 diputados frente a cuatro y en los días siguientes, las declaraciones y las “revelaciones” contra Corbyn se sucedieron en la prensa)? Finalmente, utilizando términos prestados de la realpolitik, esto no fue más que una presunción señorial y los privilegios congelados de la casta dirigente tradicional del Partido Laborista. Incluso algunos defensores bienintencionados de Corbyn se unieron a esta visión. Podrían haber sido más avispados.

El plan de los golpistas consistía en orquestar una avalancha de críticas y de condenas a Corbyn en los medios de comunicación de forma que esto causaría en el Partido Laborista estragos lo suficientemente importantes como para que este último se viera obligado a dimitir. El aspecto táctico de este plan ha sido ejecutado a la perfección por gente versada en la manipulación del espectáculo (mediático). Sin embargo, gracias al hecho de que a Corbyn no le haya impresionado el espectáculo mediático, de que no haya sido intimidado por el rango de los dignatarios (laboristas) involucrados y de que haya tenido la feliz idea de apelar a las bases por encima de las élites del partido, su estrategia se ha desintegrado. Esto revela como concibe esa gente la política.

A esta interferencia no le ha faltado preparación. Antes incluso de que fuera elegido dirigente del Partido Laborista, filtraciones a la prensa ya indicaban que se daría un golpe inmediatamente después de su elección (en septiembre de 2015). En las semanas precedentes al referéndum de la Unión Europea, activistas laboristas han contado que este golpe se daría después de conocerse los resultados cualesquiera que fueran estos. Era una idea burda; aún no existía una crisis aplastante para justificar un golpe. Así ha sido.

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