martes 11 de diciembre

Revolución Senior: la próxima batalla inclusiva

No le digan a Julio Martinelli, un programador de 70 años, que la vida que lleva “está muy bien para su edad”, porque lo más probable es que este comentario le parezca un sinsentido. “No me imagino haciendo otra cosa; me aburro en casa, y la mayoría de mis amigos, algunos mayores que yo, siguen trabajando como lo hicieron siempre”, explica. Martinelli estudia dos horas todas las mañanas, para mantenerse actualizado, y se acaba de anotar en un seminario de otro lenguaje de computación, para cursarlo en breve en Europa.

Entre actividades en la universidad, en empresas y en organizaciones sociales, la agenda de Mercedes Jones, socióloga de 71, no es menos intensa. Jones estudia cómo la sociedad moderna estigmatiza, con valores sumamente negativos, a la gente adulta. Comenzó a interesarse por esta agenda en los últimos años de su madre, que falleció a los 96. “Veía cómo la acompañaba a un banco y me hablaban a mí, o cómo se dirigían a ella como si fuera un bebé, cuestiones que si uno lo piensa son sumamente ofensivas -cuenta la socióloga-. Tenemos en la Argentina un paradigma de la vejez que atrasa siglos, lleno de falsos conceptos, y se trata de la última discriminación ‘socialmente aceptada’, porque al contrario que en otras batallas inclusivas como la de género, aún hay poca conciencia sobre este tema”. Ni siquiera, agrega Jones, reconocen el problema las propias personas adultas, las víctimas excluidas: tan profundo caló este estilo de pensamiento que se conoce como viejismo o edadismo (la discriminación por edad). O ageism en inglés.


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