Ricardo Iorio, o cómo discernir la obra de la ideología del autor

“Esa fue la primera vez que le pegué a Francis, y no sería la última”. Con esas palabras, Miles Davis confiesa en su autobiografía algo que ya era mucho más que un secreto a voces. Dueño de valores incluso polémicos para su propia época, la figura más grande del jazz en toda su historia encierra también un costado privado que incluye, entre otras cosas, maltrato femenino y manejo de una red de prostitutas. Nadie, de todos modos, se atrevería a utilizar esto como argumento para invalidar su música, uno de los corpus artísticos más apasionantes del siglo XX.

La obra por un lado, la vida por otro.


Sin intención de comparar, la figura de Ricardo Iorio obliga a enfrentar un desafío similar. Como factor de complejidad, la proximidad -geográfica y temporal- hace que separar una cosa de la otra sea más difícil. Y aunque todos los que alguna vez nos desgarramos la garganta cantando “Sé vos nomás, que al mundo salvarás / aunque muchos lo hagan difícil” hoy sumemos otro cachetazo, hace años que venimos curtidos.

Los comentarios antisemitas de Iorio datan, como mínimo, de aquella entrevista a Rolling Stone en 1999. “Si vos sos judío no me vengas a cantar el Himno”, dijo en esa oportunidad. Esa “línea de conducta” extendida en el tiempo no hace que cada derrape duela menos; mucho menos dejan de doler ahora, cuando esos derrapes se repiten cada vez con mayor frecuencia.