martes 24 de mayo de 2022
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Rusofobia y deporte: echados hasta de los vídeo juegos

A Muhammad Ali lo condenaron a prisión en Estados Unidos porque se negó a combatir en Vietnam. Al gran beisbolista puertorriqueño Roberto Clemente lo hostigaron en Nueva York por oponerse a las invasiones de Irak y Afganistán. A John Carlos y Tommie Smith, iconos del podio Black Power de México 68, los echaron de por vida de los Juegos Olímpicos. Y a Colin Kaepernick, que en 2016 se arrodillaba cada vez que sonaba el himno de Estados Unidos, lo dejaron sin equipo en el fútbol americano. Algo parecido había hecho la NBA veinte años antes con Mahmoud Abdul-Rauf, estrella musulmana de los Nuggets. Fue amenazado y su casa en Denver sufrió pintadas del Ku Klux Klan. Eran deportistas enemigos de las guerras. Fueron expulsados de pistas y estadios. Pero no todas las guerras son iguales. Tampoco sus víctimas.

Circunstancias y tiempos distintos, también muchos atletas rusos expresaron su oposición estos días a la invasión de Ucrania. “Stop War”. No alcanzó. Están todos suspendidos. Toda Rusia es cancelada. A la soprano Anna Netrebko y al director Valery Gergiev les exigieron que, además, debían criticar a Vladimir Putin. Perdieron sus contratos en la Opera Metropolitana de Nueva York y en la Orquesta Filarmónica de Munich. La Filmoteca de Andalucía prohibió “Solaris”, película de Andrei Tarkovski. Las óperas de Bélgica y de Varsovia cancelaron “Boris Godunov” el drama de Aleksandr Pushkin. Disney retiró Anastasia de su catálogo infantil. Estudiantes rusos fueron expulsados de universidades europeas. Gatos rusos de los concursos. No habrá autores rusos en la Feria del Libro Infantil de Bolonia ni en la Feria de Turín. Dostoievsky sobrevivió finalmente en una Universidad de Milán, pero su monumento en Florencia sufrió reclamos de demolición. ¿Podremos seguir escuchando a Tchaikovsky y Rachmaninoff? Solidaridad con Ucrania sí. Y Rusofobia. ¿Por qué el deporte iba a quedar afuera?

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