martes 21 de agosto

Se le plantaron a las telcos para dar mejor internet y ya facturan $1.500 millones

Una empresa de telecomunicaciones argentina que se gestó en París, se fondeó en Nueva York y nació en Buenos Aires. Un underdog que de la mano de sus tres socios fundadores se animó a competir contra empresas monopólicas en el corazón de las principales ciudades de la Argentina. Una compañía pionera en el uso del protocolo de voz sobre IP para telefonía con una espalda financiera que le permitió sobrevivir una brutal crisis económica y seguir en camino mientras decenas de telcos se fundían. Esta es la historia de iPlan, una empresa de telefonía y datos, o datos y telefonía, que fue sumando servicios hasta convertirse en un referente en internet de alta velocidad en el ámbito corporativo y, desde hace poco, también en el segmento residencial.

Pablo Saubidet y Daniel Nofal tenían 35 y 28 años, respectivamente, cuando decidieron que era hora de abandonar Fibertel. Su historia juntos se remontaba a los orígenes de la empresa —Saubidet como gerente general y Nofal como director de Operaciones— pero el ingreso de Telefónica en la estructura accionaria de la compañía, a fines de 1997, los terminó por convencer de que el futuro inmediato solo traería proyectos “pisados” y menos libertad. El plan que empezaron a imaginar junto al norteamericano George Stewart llevaba un nombre esclarecedor: “Independence Day”.


Saubidet era, según la descripción de colegas y allegados, un líder nato que se complementaba a la perfección con el know-how técnico de Nofal, un “nerd” fuera de liga que además de ser un obsesionado por las redes tenía sólido conocimiento del negocio. El perfil de Stewart, el tercer fundador, no era menos excepcional: había llegado a la Argentina como gerente general de Cablevisión tras desarrollar negocios de telecomunicaciones en los Estados Unidos y el Reino Unido y de ejercer, durante varias décadas, como pastor presbiteriano. Claro que de la idea a la concreción a veces hace falta suerte, un milagro o, como en este caso, un “ángel guardián”. Ese fue el rol de Bill Pearson, un ex Fibertel que había conseguido la financiación para su propio proyecto telco en Europa. Pearson se enteró del proyecto una tarde de mediados de 1998 mientras tomaba una cerveza con Saubidet frente a la plaza de la Bastilla.

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