viernes 19 de octubre

Se registraron más de 5.000 casos de tortura en cárceles argentinas durante 2017

El castigo de la prisión no es sólo el encierro. La pena también se aplica sobre el cuerpo de los presos y las presas. Aunque esté prohibido, es una costumbre permitida por omisión: son muy pocos los casos que se denuncian y muchos menos en los que hay justicia posterior. Aislamiento individual, requisas, golpes, mala alimentación, amenazas, robos y bloqueo de las visitas familiares son algunas de las formas en las que las autoridades de las cárceles ejercen tortura sobre los internos.

El Registro Nacional de Casos de Tortura, que lleva control desde 2010, detectó durante 2017 a 1.408 víctimas que sufrieron 5.328 hechos de tortura o malos tratos o ambas de parte de los agentes penitenciarios. Estas cifras son de base, se estima que los casos son muchos más.


“La tortura en el sistema penal argentino constituye un elemento estructural, extendido y persistente”, sostiene el documento, elaborado en conjunto por la Procuración Penitenciaria de la Nación, la Comisión Provincial por la Memoria y el Grupo de Estudios sobre Sistema Penal y Derechos Humanos.

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