miércoles 18 de mayo de 2022
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«Sé tú mismo» es un pésimo consejo

Iba a ser la presentación más importante de mi vida: era mi primera aparición en el escenario principal de las conferencias TED y ya había descartado siete borradores. En busca de nuevas ideas, les pedí algunas sugerencias a mis amigos y colegas. “Lo más importante”, dijo el primero, “es ser tú mismo”. Las siguientes seis personas me dieron el mismo consejo.

Vivimos en la Era de la Autenticidad, en la que “ser tú mismo” es el típico consejo para la vida, el amor y el trabajo. La autenticidad significa borrar la división entre lo que tú crees firmemente en tu interior y lo que le muestras al mundo exterior. Tal como la define Brené Brown, profesora de la Universidad de Houston, la autenticidad es “la decisión de dejar que nuestro verdadero yo se revele”.

Queremos vivir vidas auténticas, casarnos con parejas auténticas, trabajar para jefes auténticos y votar por un presidente auténtico. Al inicio de los cursos universitarios los discursos basados en “sé tu mismo” son de los más populares (después de “expande tus horizontes” y antes de “nunca te rindas”).

“No tenía idea de que ser tú misma te podía volver tan rica como lo soy”, dijo en broma Oprah Winfrey hace algunos años. “Si lo hubiera sabido, lo habría intentado mucho antes”.

Pero para la mayoría de la gente “sé tú mismo” es un mal consejo. Permítanme ser auténtico por un momento: nadie quiere ver tu verdadero yo. Todos tenemos pensamientos y sentimientos que consideramos fundamentales en nuestras vidas, pero que es mejor callar.

Hace una década, el autor A. J. Jacobs pasó unas cuantas semanas tratando de ser totalmente auténtico. Le comentó a una editora que le gustaría acostarse con ella si fuera soltero y le hizo saber a su niñera que la invitaría a salir si su esposa lo dejara.

Le informó a una niña de cinco años que el escarabajo que tenía en la mano no estaba tomando la siesta, sino que estaba muerto. Les dijo a sus suegros que sus conversaciones eran aburridas. Es fácil imaginar cuáles fueron las consecuencias del experimento.

“El engaño es lo que hace que el mundo gire”, concluyó. “Sin mentiras se acabarían matrimonios, despedirían a los empleados, se destrozarían egos y caerían gobiernos”.

Cuánto busca alguien ser auténtico depende de un rasgo de la personalidad llamado autorregulación. Un autorregulador fuerte observa constantemente a su alrededor en busca de pistas sociales y se adapta. Odia la incomodidad social y trata desesperadamente de no ofender a nadie.

nytimes.com  (www.nytimes.com)