«Seis propuestas para los próximos millenials»: Fabian Casas en la apertura de FILBA

Al igual que Gyorgy Lukács a la hora de escribir su teoría de la novela, el primer problema que tuve con esta charla fue de orden metodológico. Lukács, en un prólogo posterior que acompaña una nueva edición de su famoso ensayo, elige el efecto de narrar en tercera persona sobre sí mismo –como Juan Román Riquelme- para cuestionar su estrategia epistemológica. Con eso consigue que más que una autocrítica sea una crítica a alguien que ya no es él. Tomas Pynchon –usando la primera persona, más cálida- hizo algo parecido cuando decidió publicar sus relatos inéditos que le parecían mal terminados, imperfectos, cincomesinos. El libro se llama Un lento aprendizaje y creo que es una buena forma de nombrar al arte milenario de escribir.

No se puede enseñar a escribir, lo que se puede lograr es establecer ciertas condiciones para que las personas se emancipen, escriban o no. No se puede definir a la poesía, eso es antipoético. Por eso me gusta mucho una frase de Alberto Girri que dice: “A la poesía no se la define, se la reconoce”. De esta manera, la poesía puede estar encarnada en cualquier hora, en cualquier día, en cualquier lugar.