Señas de truco en la transición y peligros del cogobierno de facto

El candidato apenas pasó a saludar y conversar un rato, pero una reunión de las tantas que se suceden en las oficinas de la calle México exhibió con nitidez hasta qué punto la agenda de Alberto Fernández ya se convirtió en la de un presidente en ejercicio. Mal que le pese.

Fue el jueves pasado cerca del mediodía. Al comando de campaña llegaron directamente desde Aeroparque en varias camionetas blindadas unos 20 banqueros paulistas que habían fletado especialmente un avión charter desde Guarulhos, que los esperó y los devolvió a casa al término de la cita. No perdieron tiempo en pasar a ver a Nicolás Dujovne, para ese entonces ya eyectado del cargo aunque aún no se lo hubiera anunciado. Tampoco pidieron audiencia con Mauricio Macri.

Había ejecutivos top del Safra Bank, del Bradesco y del Itaú, pero también de bancos de inversión globales como el JP Morgan y el Citi que tienen en San Pablo sus cuarteles generales para todo el Cono Sur. Los recibieron los economistas Cecilia Todesca y Ariel Schale y el politólogo Santiago Cafiero, quien desde el día anterior hacía malabares para atender de a uno a la multitud de empresarios del grupo de whatsapp “Nuestra Voz” que le escribían al exjefe de Gabinete para “tomarse un cafecito”. Sin avisar al grupo, claro.

Los banqueros fueron al grano. “¿Van a pagar los vencimientos de deuda con privados?”, preguntó uno en portuñol. “Sí. Nunca dijimos lo contrario”, respondió Todesca. “¿No los preocupan los 18.000 millones de dólares en vencimientos que hay hasta fin de año?”, inquirió otro. “Sí, Nicolás (por Dujovne) tiene un problema”, replicó Cafiero. “No, el problema lo tienen ustedes”, lo cortó en seco uno de los visitantes. El trío de albertistas asintió de nuevo. El problema, admitieron, es tanto de entrantes como de salientes.