jueves 18 de agosto de 2022
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Servía sandwiches y armaba porros para los Beatles: “La verdad, mi trabajo era muy aburrido”

Era el 10 de diciembre de 1969 y en los estudios de Twickenham se acababa de producir un episodio que pudo haber sido trascendental para la historia de la música: en medio de un ensayo y delante de cámaras, George Harrison dejó su guitarra, tomó su abrigo y les comunicó a los otros tres Beatles que abandonaba la banda.

Hubo desconsuelo y algo de estupor. Ringo Starr y John Lennon se fueron a sus casas. El único que no lograba digerir la noticia era Paul McCartney. No era el momento para que se separaran los Beatles. Fue entonces que Paul le pidió a Kevin Harrington, un cadete de apenas 18 años que los ayudaba con las preparaciones de los equipos y les servía comida y tragos a los músicos, que lo acompañara en su auto de lujo, un Aston Martin DB5.

Llegaron al barrio de Kenwood, donde entonces vivían John y Yoko Ono, y Paul le dijo a Kevin: “Tomá el auto, andá a tomar algo y regresá en 20 minutos”.

Harrington, que recién había conseguido la licencia para conducir, se puso al volante y se fue a recorrer Londres en el auto de lujo. Cualquiera creerá que se puso a elucubrar sobre los motivos de la crisis de la banda o sobre qué haría con su vida si los Beatles se separaban en ese momento. Pero no, el chico de 19 años sólo estaba maravillado por estar conduciendo un Aston Martin. “‘Estoy en el cielo’, pensé en ese momento. Cuando me senté en ese auto, me sentía James Bond”, afirmaría décadas después.

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