Sexo, robotas y machismo

La piel tersa de Samantha está hecha con un material nuevo en el mercado. Parece real. Como los ojos, el pelo y la nariz. En distintos países del mundo se están creando muñecas sexuales con inteligencia artificial. Pueden hablar, sentir y hasta reconocer orgasmos. La periodista Irina Sternik se metió en ese mundo de algoritmos y porno. El machismo no está en las muñecas, sino en el inconsciente colectivo, en los chistes y en los cuerpos desproporcionados.