martes 28 de junio de 2022
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Sexo virtual: una salida laboral informal en tiempos de pandemia

En este momento, jueves por la noche, somos 2.269 usuarios mirando desde nuestras pantallas a Luna. La chica transmite en vivo desde su habitación: cama de una plaza, sábanas estampadas con ilustraciones infantiles. A la derecha de la ventana en la que Luna se muestra, hay un chat. Y en el chat, un menú de “tips”, propinas. “Muestrame tus piecitos”, pide un usuario que lleva de nombre apenas un arroba, unas letras y unos números, sin foto. Luna, que va respondiendo en el chat desde un teclado inalámbrico, sonríe pero ni atina a sacarse las medias. En este sitio de contenido para adultos la propina no es dinero físico sino “tokens”, una moneda virtual.

Ahora somos más de 2.500 espiando a Luna, que tiene un vibrador en la vagina. Ese juguete está pensado específicamente para la interacción con los usuarios. Es decir: a las propinas que le den, a los tokens. Un usuario decide pagarle 300 tokens, lo que equivale, en el cuerpo de Luna, a 15 segundos de vibración alta del “teledildo”. La chica corcovea un poco en su ventanita. Agradece: “ténkiúúú…” y acompaña con una mueca clásica que indica… ¿un orgasmo? Llevamos más de una hora así: viendo como Luna se hace una ola con cada propina. Un token vale 0,05 centavos de dólar, pero algo va a perder entre los pasos para cobrar y las comisiones. Así que en su cuenta bancaria, la vibración hecha a discreción por aquel usuario, equivaldrá a, más o menos, 13 dólares.

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