viernes 21 de septiembre

“Sexy por accidente” y el negacionismo de los estándares de belleza

Recientemente estrenada en nuestro país y protagonizada por la comediante estadounidense Amy Schumer, la película “Sexy por accidente” está basada en una mentira piadosa: el aspecto físico es irrelevante, lo que importa es lo de adentro. La historia se centra en Renee, una chica que siente lástima de sí misma interpretada por Schumer. El argumento es el siguiente: un día, la protagonista se golpea la cabeza en una clase de spinning y se despierta creyendo que, milagrosamente, ahora parece una supermodelo. A partir de esto, entra a un concurso de belleza, consigue un ascenso laboral y se levanta a un alto ejecutivo hasta que descubre que en realidad su aspecto no cambió para nada. ¿La moraleja? Los beneficios que ella creía que eran producto de explotar su belleza en realidad lo fueron de su nueva confianza en sí misma.

La película, entonces, sugiere que lo único que detiene a las mujeres que no parecen modelos es la creencia de que su aspecto las condiciona. Esta actitud pone la responsabilidad de mejorar su autoestima en cada mujer en vez de criticar la existencia de estándares de belleza avalados y promovidos socialmente. La realidad es que las exigencias sobre la apariencia nunca fueron más altas. Lo que se volvió tabú es admitirlo.


Este negacionismo de los estándares de belleza está por todos lados. En las publicidades de cosméticos, el discurso de los gurús del fitness, las captions de Instagram y, cada vez más, en los decálogos del feminismo pop. En el libro de próxima publicación, “Perfect Me”, Heather Widdows, una profesora de filosofía de la Universidad de Birmingham (Inglaterra), sostiene que las presiones de delgadez, juventud y tonicidad sobre las mujeres son más fuertes que nunca. Mantener las apariencias ya no es solo un propósito superficial, también se volvió ético. Una mujer que no encaja en estos ideales es vista como una persona fracasada.

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