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miércoles 21 de octubre de 2020
Periodismo . com

Si esta es mi ultima columna aquí, es porque estoy preso en Cuba

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Mientras sentía el metal frío de las esposas que se me clavaba en las muñecas e intentaba acomodar mi cuerpo, porque me habían obligado a encorvarme hacia adelante, miraba mis zapatos y pensaba en cómo es posible que un gobierno le tenga tanto miedo a que su propia realidad salga a la luz, que es capaz de atropellar a alguien con semejante impunidad por tan solo contar esa realidad. Antes, tres agentes vestidos de civil de la Seguridad del Estado ya me habían desnudado para registrarme, ya me habían puesto de cara a una pared para llevarme las manos a mi espalda y esposarme, y en ese momento me trasladaban en un auto hacia su sede para interrogarme. Uno de los tres agentes durante parte del viaje, para obligarme a no levantar la cabeza, tuvo su brazo derecho haciéndome presión encima de mi cuerpo.

Aunque fui sometido a un grave acto de violencia el pasado 1 de octubre, lo que me ocurrió no es ni siquiera la peor de las detenciones arbitrarias que con frecuencia sufren opositores políticos, activistas de la sociedad civil, artistas contestatarios y mis colegas de la prensa independiente en Cuba. Es un hecho que muchos de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como la libertad de expresión, prensa y asociación, en Cuba no son permitidos, porque el régimen es incapaz de convivir con personas que piensen distinto a sus preceptos.

washingtonpost.com  (www.washingtonpost.com)