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sábado 28 de noviembre de 2020
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Simbiosfera: hacia otro modo de entender lo humano

El amor inmortal solo puede encarnarse en células cancerígenas. En 2014, la artista Marta de Menezes y el científico Luis Graça introdujeron genes inductores de cáncer en sus células inmunes y enamoradas. Crearon así dos núcleos esenciales de vida, dos resúmenes de sí mismos, pero condenados a no poder interactuar, porque se rechazarían mutuamente. El precio de la inmortalidad es la soledad eterna, afirma la ficción —en forma de instalación artística— Inmortality for two.

En la mortal realidad, en cambio, nunca estamos solos. Porque vivimos en la simbiosfera.

Si la semiosfera es el universo de los signos y símbolos en que todos nos encontramos sumergidos, la simbiosfera es el de las relaciones biológicas y tecnológicas del que también es imposible escapar. Un espacio planetario de relaciones múltiples e incesantes entre organismos y objetos diversos, donde lo humano no es necesariamente central. Somos tan solo una de las cerca de nueve millones de especies de seres vivos que convivimos en la Tierra.

La pandemia, con su difusión masiva de imágenes microscópicas de virus, de infografías de cuerpos humanos en situaciones de contagio y de cuadrículas de Zoom, nos ha familiarizado con la representación de nuestras innumerables y constantes interacciones, con nuestra condición simbiótica. Hay distintos tipos de simbiosis, desde las que benefician a todas las especies que se relacionan entre sí hasta las parasitarias o las destructivas. El SARS-CoV-2 nos ha recordado con virulencia ese espectro y también que la Tierra no existe para ser nuestra granja, nuestra cantera o el hotel de nuestras vacaciones.

“La capacidad para el lenguaje, la ciencia y el pensamiento filosófico nos convirtieron en los administradores de la biosfera. ¿Poseemos la inteligencia moral para cumplir con esa tarea?”, se pregunta el escritor y biólogo Edward O. Wilson en Génesis. El origen de las sociedades. Hasta ahora la respuesta ha sido no.

nytimes.com  (www.nytimes.com)