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viernes 30 de julio de 2021
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Sin lugar para los débiles: oposición, vacunas y política

Es una obviedad, pero la oposición siempre labura de hincha pelotas, de insoportable. De aguafiestas. De buscarle la quinta pata al gato. De verle el pelo al huevo. Una oposición constructiva se parece más a un oficialismo con antifaz. Reglas de la democracia son también las reglas de ese juego. El pescador es el que juega “adelante”, cerca del arco contrario, a la pesca del rebote o de una pelota picando para meterla. El opositor es eso: no es un buen samaritano; vive al borde de cruzar la fina línea que separa un oportunista de un canalla. El oficialista pide grandezas, el opositor cirujea oportunidades. El oportunismo es otro de los motores de la Historia. La Historia también la hacen los conversos, los traidores, los visionarios que ven una que nadie ve, las ratas que huyen de un barco, los soldados que escapan de una batalla, los pescadores.

Duhalde decía que los peronistas tienen su día de la lealtad porque tienen 364 días de la traición. ¿Y desde dónde lo decía? Desde lo que es: un obrero de esos 364 días de zancadillas hasta que la tuya sale. La lealtad no es el opuesto de la traición: es su condición de posibilidad. Las presidencias se escriben en la arena, pero los presidentes quedan grabados en roca. Oficialismo y oposición es otro modo de nombrar ese juego de encastres que al final, ¿qué dice? Dice que una presidencia es eso sobre una persona: el cambio de su cara, la transformación de los ojos. Las presidencias tienen ese sustrato: un día vas a dejar el sillón de Rivadavia, mano, saludo, a casa, y vas a volver a ser la oposición. “¿Qué somos? ¡Tiburones!”, gritan los opositores de todos los tiempos. Si vacunás, si no vacunás, si mentís, si decís la verdad. Sobran los sommeliers de oposición. Pero un día te toca ir a la Rosada a poner la cara por un presidente al que odiás contra los Carapintadas. Un día vas al velorio del hijo de un presidente al que enfrentaste. O al velorio de un expresidente al que le dijiste chorro en veinte idiomas. O vas al reclamo conjunto de soberanía de las Islas Malvinas, a la cita con el panteón nacional. O a pedir quita de deuda, de la deuda que “tomaste”. Primero la patria, decía Perón. Pero no hay un “primero la patria” sin también un “primero los hombres y las mujeres”, es decir, sin eso con lo que se hace la política. El factor humano, demasiado humano.

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