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viernes 30 de octubre de 2020
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Sin protocolo a medida, las villas anticipan lo que serán las cárceles

Toribia Balbuena compartía una pieza de 3 x 3 con su marido y su hija en la Villa 31. Y los tres, a su vez, compartían el baño del piso con otras 11 personas. Cuando el Coronavirus entró en el barrio, un mes y medio después de haber contabilizado el primer contagiado en el país, la Villa todavía no tenía (y sigue sin tener) un protocolo adecuado para cuidar a las personas que viven hacinadas. Ayer, trece días más tarde de que su hija diera positivo por Covid-19, Toribia Balbuena se murió. Y 79 de sus vecinos, además de su hija y su marido, están contagiados.

Los números son de la ONG La Garganta Poderosa, que desde hace semanas reclama planes de acción específicos para los barrios más vulnerables de la Ciudad. Lugares en donde las personas no pueden aislarse y en donde, además, muchos dejaron de comer debido al impacto de la cuarentena. A ese panorama desolador se le sumó en la última semana la falla de Aysa en la planta potabilizadora San Martín, que afectó a muchos barrios de la Ciudad y que dejó sin agua también a la Villa. Tanto en la empresa que conduce Malena Galmarini como en el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño aseguraron a Cenital que el tema estará solucionado durante este fin de semana. El resto de los problemas, sin embargo, continúan.

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