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sábado 28 de noviembre de 2020
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Sin público, los árbitros están sacando muchas menos tarjetas amarillas a los equipos visitantes

Se trata de una vieja máxima entre los aficionados. Los árbitros tienden a favorecer al equipo local. Más allá de difusas conspiraciones, el razonamiento apunta a la presión ambiental. Miles de personas apuntando en una u otra dirección, ya sea mediante pitidos o mediante aplausos, suponen un sesgo natural para los colegiados. Como consecuencia, sus decisiones tienden a perjudicar más al equipo visitante.

¿Pero hay algo de cierto en esto? Resulta que sí.

El coronavirus ha provocado que todas las ligas europeas se disputen a puerta cerrada. Sin público, el factor campo (la teoría según la cual el equipo local parte con cierta ventaja a igualdad de condiciones) desaparece. Lo cual rebaja la presión que soportan los árbitros. Un estudio elaborado por investigadores alemanes ha estimado el impacto que la ausencia de aficionados ha podido tener tanto en el juego (en forma de resultados) como en las decisiones del colegiado.

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