Siri Hustvedt: «Para los hombres no existimos»

En una ocasión un periodista le preguntó a Siri Hustvedt si todo lo que sabía de psicoanálisis se lo había enseñado su marido, el también escritor Paul Auster. Siri dijo que no. Pero el periodista insistió. El periodista le dijo que claramente ella sabía todo lo que sabía de neurociencia y, sí, psicoanálisis, porque vivía con Paul Auster y él debía ser el experto. Hustvedt sonrió e hizo lo que hace siempre en estas ocasiones. “No me lo tomé en serio”, recuerda. “Lo peor de este tipo de comentarios es tomártelos en serio. Por suerte tenemos la risa. Podemos y debemos reírnos de todo eso, porque si te lo tomas en serio, si te enfadas, la sensación es la de que ellos ganan”, dice.

¿Qué hizo? “Le dije, muy seria, que mi marido no tenía ni la más remota idea de neurociencia ni de psicoanálisis, y le detallé mis intereses, dejándole completamente fuera de juego, porque no iba a atreverse a dudar de algo que él también desconocía por completo”, contesta. “Aún me pregunto si su comentario pretendía hacerme daño, si estaba siendo verdaderamente cruel o simplemente inocente. Tal vez sólo quería creer que su escritor favorito era responsable de la educación de su mujer”. Sí, aquel comentario estaba precedido de otros muchos, y le siguieron, y le seguirán otros del mismo calibre. Pero Hustvedt, que además de una brillante novelista, es experta en neurociencia y psicoanálisis –“No dejo de leer artículos, ensayos, prácticamente leo durante cuatro horas al día, y todo lo que leo me afecta, cambia la manera en que pensaba hasta el momento en que he dado con lo que sea que esté leyendo”, confiesa–, no le teme al lobo feroz del prejuicio (machista), porque tiene, dice, su sonrisa, la ironía punzante que siempre, ríe la última y ríe mejor.