¿Sirve el entrenamiento mental para combatir el declive intelectual asociado a la edad?

Durante los últimos años, se ha popularizado la idea de que el cerebro es como un músculo: si no se entrena, se atrofia. Como consecuencia, el ejercicio del cerebro a través de la resolución de problemas, puzles, sudokus, etc. se ha publicitado como un método no sólo para minimizar el declive intelectual que ocurre con la edad, sino también para disminuir el riesgo de sufrir demencias seniles o la enfermedad de alzhéimer.

La realidad, sin embargo, es que las evidencias científicas en el área de la neurociencia respaldando las afirmaciones anteriores son muy débiles. Como explica Steven Novella, neurólogo y profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale: «Lo que muestran más de dos décadas de investigación es que al realizar una actividad mental específica, te vuelves más hábil para esa actividad, y eso es todo. Si haces un sudoku, te vuelves mejor resolviendo sudokus, no te vuelves más inteligente».


Estos hallazgos de la neurociencia, sin embargo, no han sido obstáculo para la floreciente industria del «entrenamiento cerebral» en forma de libros, videojuegos, música, cursos…  De hecho, un informe del sector  predice que el negocio de la evaluación cognitiva y el entrenamiento cerebral mueva más de ocho mil millones de dólares en el mundo para 2022. Como casi siempre suele suceder, el márketing va por delante de la ciencia, cuando no directamente la pisotea.