Smartmatic: los sobres y las urnas

Para ahorrar plata en la era del ajuste, para intervenir a favor del gobierno en la elección más difícil, o para recaudar millones de dólares en campaña. Las razones que trajeron a Smartmatic a la Argentina de Mauricio Macri son de lo más opacas. El gobierno de Cambiemos nunca las explicó, las empresas que perdieron la licitación dicen sentirse estafadas y la oposición alerta contra la falta de transparencia, para no hablar de sospechas de fraude. El gobierno, en cambio, dice no entender este “ruido inusitado” ante lo que define como los comicios más importantes desde el regreso de la democracia.

Con un origen venezolano que se esfuerza por negar, Smartmatic nació en el año 2000 y es capaz de hazañas de las más diversas. La primera, haberle arrebatado el negocio del escrutinio provisorio después de 22 años a Indra, el gigante trasnacional que contó los votos que llevaron a la Casa Rosada a cinco presidentes de distinto signo: un radical, tres kirchneristas, un político de cuna empresaria. La segunda, que no trascendió hasta el momento, haberse quedado con el botín a pesar de que la apertura de sobres que hizo el Correo Argentino mostró contradicciones llamativas en las ofertas de los competidores. Un escándalo digno de una mejor República, prolijamente silenciado.