Sobre lo autorreferencial en el periodismo y en Snapchat

Pululan en estos tiempos notas, blogs, diarios y revistas, en papel u online, que usan el formato de lo autorreferencial. La primera persona, lo emocional, lo personal, las vivencias, la experiencia. Así como se acostumbra decir que “todo es político” (todo acto cotidiano implica una ideología, toda acción es una decisión política), también todo es autorreferencial. Es probable que la saga de La Guerra de las galaxias sea hija de una autorreferencia que desconocemos, pero por suerte no está hecha en primera persona.

Hace no mucho publicaron una crítica sobre Love, una serie de Netflix, que comenzaba con “No me gustan las series…”. Matías Martin empieza su programa de radio contando que tardó cuarenta minutos en encontrar estacionamiento.


El éxito de este tipo de formato es producto de estas épocas. De Snapchat, de Twitter, Facebook e Instagram, de contar lo que uno hace, lo que uno come, de mostrar el bostezo de su gato.

Snapchat es una red social donde las personas se graban en un primerísimo primer plano, cual Juana de Arco de Falconetti, narrando aventuras miserables o miserias aventureras, con la gracia que les toca en suerte. No se puede estar más cerca de alguien que en Snapchat, ni siquiera frente a la persona.