miércoles 18 de mayo de 2022
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Sobre los Oscar: quiero agradecer a todos los que hicieron magia cinematográfica este año

¿En realidad necesitábamos otra versión de West Side Story (Amor sin barreras)? Escuché mucho esa pregunta —de amigos, de personas en Twitter— antes de ver la versión de Steven Spielberg. Me encantó la película. Pero la respuesta es no, no la necesitábamos.

Tampoco necesitábamos la versión de 1961. O el show de Broadway que ambas versiones adaptaron. O Romeo y Julieta, la obra de teatro que fue su inspiración, o el poema de Arthur Brooke que le proporcionó a Shakespeare su trama, o Giulietta e Romeo, la historia de Luigi da Porto que (posiblemente) lo inició todo.

No necesitamos nada de eso. Aquí está la prueba: la pandemia clausuró la industria del cine y pospuso el estreno de Amor sin barreras. ¿Por qué? Porque las películas, literalmente, son “no esenciales”. Las películas no alimentan a los niños ni tratan a los enfermos, ni albergan refugiados o defienden una frontera. El arte no salva ni sustenta ni crea vida. Lo único que hace es lograr que la vida sea mejor, más rica, más plena, más brillante.

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