25.1 C
Buenos Aires
domingo 7 de marzo de 2021
Cursos de periodismo

Solo Maradona fue capaz de volver a juntar a los dos Fernández en la Rosada

Solo Maradona fue capaz de volver a juntar a los Fernández en la Casa Rosada. Quizás era Dios en serio. A pesar de las ásperas escaramuzas entre ellos, el binomio no se quiso perder el velatorio, uno porque lo había promovido y ella para no quedarse fuera de la ceremonia popular.

Esa foto del largo adiós valía oro, eterna como el Diez. Gélidos, distantes, igual la pareja quería repetir el funeral de Néstor y aprovechar, en términos políticos, lo que ese hecho luctuoso le granjeó al oficialismo: un cambio favorable en la opinión pública. Y a Cristina la reelección. Ni pensaron en las derivaciones del virus, en la concentración de gente y en los presuntos contagios, solo los atrajo el flash de la recuperación política que brinda la necrofilia en la Argentina y, en particular, en el peronismo. Tampoco se acordaron de que habían despedido a un funcionario por haber llenado las calles con colas de jubilados (Vanoli, de la Anses). De repente, Alberto fue más avispado que Cristina: apenas se conoció la muerte, llamó para entregarse a todos los deseos de la primera familia del ídolo (Claudia y sus dos hijas más conocidas) sin consultar al resto de la prole e íntimos. También negoció varias veces con el abogado Stinfale, influencer de otros interesados, para organizar la despedida fúnebre: el ataúd iba a convocar un gentío. Se calculó más de un millón de personas, tres días de luto y lágrimas sin necesidad de choripán, colectivos, movilidad de gremios, Pérsico o el enmudecido Grabois. Podrán impedirse las multitudes en La Meca o en el Vaticano por el Covid-19, pero la Plaza de Mayo estaba abierta para Maradona, con o sin pandemia: el ídolo supera las religiones y quizás merecía el trono. También el rédito su repentina corte política.

perfil.com  (www.perfil.com)