miércoles 15 de agosto

¿Son necesarios los dos signos de exclamación?

La nuestra es una época del énfasis. Si pudiera elegir un signo de puntuación que refleja mejor nuestro tiempo sería el signo de exclamación.

La proclividad por el superlativo, el exceso y el desbordamiento se puede medir por la frecuencia abrumadora de uno, dos o tres signos de admiración ¡en cada frase! El abuso de los “!!!”, que se acumulan al final de las oraciones en mensajes, comentarios de redes sociales, discursos políticos y campañas de publicidad es la temperatura de un siglo exaltado.


No es de sorprender que en la era de la exclamación abunden personajes desmedidos. A Nicolás Maduro, Recep Tayyip Erdoğan y Donald Trump los une, entre otras cosas, un gusto particular por los signos de admiración. A los populistas les gusta exclamar, todo siempre en un tono categórico y definitivo que termina con un signo de exclamación: ¡De norte a sur, de este a oeste, ganaremos esta lucha, cueste lo que cueste!, tuiteó Andrés Manuel López Obrador.

De entre ellos, es conocida la afición de Trump a estos signos: de la torrencial sucesión de tuits diarios, casi todos usan una exclamación. Los usa para acorralar a contrincantes, para desacreditar a periodistas que desentonan con su visión maquiavélica de la diplomacia y para ensalzar sus dotes de estratega y negociador. Cada vez que escribe, no solo destruye la lengua, sino que lo hace decorando sus afectaciones con todo tipo de exclamativos.

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