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jueves 29 de julio de 2021
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Soñar el futuro: de Silvio Rodríguez a L-Gante

Por esas cosas de la nostalgia pandémica, la otra noche me puse a escuchar de nuevo a Silvio Rodríguez. Silvio fue la banda sonora de mi adolescencia y de mi juventud universitaria, una herencia de mi mamá, que me enseñó todo sobre la revolución cubana, Playa Girón y la Sierra Maestra. Mi mamá no fue militante pero con la vuelta de la democracia se embebió de ese espíritu rebelde y soñador que, paradójicamente, mientras se construían los cimientos de nuestra frágil democracia, circulaba en los subsuelos de las peñas y las guitarreadas. Silvio representaba algo del idealismo revolucionario perdido, justo cuando la única revolución imaginable era la democrática, justo cuando la violencia parecía desterrarse para siempre en el pasado.

Pero Silvio habla de revolución, habla de fusiles, de matar y morir por ideales, habla de hacer los sueños a mano y sin pedir permiso, habla de arar el porvenir. En el famoso concierto que dio en Buenos Aires en 1984 canta con cierta tristeza, como si ese sueño ya hubiera empezado a desmoronarse, pero aún así insiste: te convido a creerme cuando digo futuro, y el futuro es revolucionario.

Y así fue que muchos viajamos a Cuba a ver con nuestros ojos el declive de esa amalgama de justicia, idealismo y resistencia, a tramitar la incomodidad que nos generaba el choque entre el deseo de igualdad y el deseo de tener, de comprar, incluso de viajar. Nosotros teníamos también nuestro humilde ideal de futuro, que tenía poco que ver con el que soñaba Silvio. Los jóvenes de los 90 nos convencimos de que la igualdad sólo es posible en democracia y en el mercado. Nos volvimos neoliberales, empresarios de nosotros mismos, cultores del mérito y de la libertad, pero en Cuba no hay mérito que valga y la libertad se paga cara. Esto no es una elegía: como dice Javier Franzé, Cuba es un problema para los que sostenemos ideales democráticos. Y sin embargo, los que estamos de este lado no sabemos bien qué hacer con la libertad: ¿libres para qué? Tampoco sabemos bien cómo es eso de la igualdad. Ya nadie piensa en la revolución.

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