Soy periodista, no un criminal

Estaba aún en cama cuando comencé a leer en las redes sociales que agentes de la seguridad del Estado cubano tenían sitiados los hogares de varios periodistas independientes, opositores y activistas de la sociedad civil. Era 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos. Me asomé al balcón y comprobé que me habían incluido en la redada: una patrulla policial con dos oficiales y un agente vestido de civil en una moto me observaban desde abajo del edificio. Hace solo unas horas me liberaron, pero esta es la segunda vez, en los últimos cinco meses, que las autoridades de Cuba me impiden salir de casa y me dejan bajo arresto domiciliario.

Soy periodista y dirijo El Estornudo —un medio digital de periodismo independiente—, no un criminal. Mi profesión es salir a la calle, buscar información e intentar contar la realidad de un país que por sesenta años ha estado trastocada. Todo este tiempo los cubanos no han podido informarse con veracidad, el régimen revolucionario les ha impuesto su mirada. En una sociedad donde impera la desinformación y la poca transparencia de los acontecimientos, es sumamente necesario hacer periodismo y mostrar el verdadero rostro de la isla. Ello implica hurgar en las virtudes y en los pecados de la sociedad.