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martes 27 de julio de 2021
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Stalin y la epidemia

El encargado de llevarle la novedad fue Beria. La enfermedad había sido detectada en la región oriental de la Unión Soviética. El personal científico del Kremlin concluyó que su origen era China. Era una variante letal y altamente contagiosa de la gripe. Se había ensañado con la tripulación de un barco pesquero llamado Helvetia, que solía merodear las costas de la ciudad portuaria de Vladivostok.

Con paciencia, pero sin vacilaciones, Beria le explicó a Stalin la situación. Dos días después del último desembarco, la tripulación del Helvetia cayó enferma y con síntomas similares: fiebre alta, palidez extrema, mucha tos. El primer comunicado de alerta fue emitido por el doctor Roman Tsialkovski, director del Hospital General, adonde acudió el capitán de la nave con un cuadro febril agudo y los pulmones en un avanzado estado de deterioro. Como los síntomas no se correspondían con exactitud a ninguna de las variedades de la gripe que circulaban por la ciudad, el camarada Tsialkovski, que era un profesional riguroso y muy apegado al Partido, mandó a detener a la tripulación entera del Helvetia, a sus familiares más cercanos y a todo aquel que hubiera tenido contacto con alguno de ellos. Al tercer día ya se habían contabilizado, en total, ochenta y cinco infectados. Diez de ellos murieron antes de que cayera el sol. Los otros se encontraban graves.

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