sábado 18 de agosto

Stiuso, sexo y extorsión

El caos del significante. Así se podría definir la suma de causas y efectos que acumula el llamado “caso Jaitt”. En resumen: colgada de una pesquisa judicial sobre abusos a menores en clubes de futbol, una famosa ex stripper denuncia sin pruebas en un programa de TV a personajes ligados al poder por prácticas de pedofilia. Y confiesa que los escrutó por cuenta de una “empresa privada”. La asiste detrás de las cámaras una mujer enlazada al mundo de los espías. Se está, entonces, en presencia de un montaje que deja al desnudo otro conflicto: la autonomía de los servicios de inteligencia frente a las autoridades políticas de turno. Una historia que confirma el vínculo entre los fisgones del Estado, el negocio de la prostitución y el star system; algo que, en rigor, se remonta a la noche de los tiempos con fines oscilantes entre el infundio, la extorsión y los “carpetazos” basados en la sexualidad de sus víctimas.

Un ilustrativo ejemplo al respecto –ocurrido hace ya dos décadas– fue el “affaire Spartacus”, llamado así en alusión a un lupanar de homosexuales en la zona del Congreso. Su cénit: la difusión por TV de un video en donde se veía al juez federal Norberto Oyarbide coqueteando allí con un taxi boy disfrazado de vikingo. Aquellas imágenes habían sido filtradas por el “gerente” del lugar, Luciano Garbellano, un proxeneta inescrupuloso e impulsivo que supo instalar cámaras ocultas en las habitaciones. Lo cierto es que, entre otras calamidades, el asunto destapó una red de protección policial a prostíbulos encabezada por el jefe de la Superintendencia de Seguridad Personal, comisario Roberto Rosa, que involucraba al propio Oyarbide. El 24 de marzo de 1998, Garbellano fue baleado por desconocidos mientras conducía su automóvil hacia a Zarate. Le pegaron seis tiros. Por milagro, sobrevivió. Y el móvil del ataque no tardó en trascender: días antes había negociado la venta de su preciada “videoteca” –a razón de 50 mil dólares la unidad– con dos enviados de la SIDE. Y eso habría ofuscado de sobremanera a Rosa. Cabe destacar que uno de los interesados en dicha transacción resultó ser el hoy célebre Antonio Stiuso.


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