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lunes 26 de octubre de 2020
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Te hablé con el bolsillo y me respondiste con la macroeconomía

Necesitamos productores, no ahorristas. Esa pareció la conclusión oficial. Sombra terrible de la “restricción externa”, el recurrente problema que organiza el devenir económico desde hace casi una década. La medida contra la compra de dólares no se “anunció”, no tuvo un emisor. Se supo. Los medios la “anunciaron” a partir de lo que hacen obsesivamente: leer las resoluciones, el boletín oficial y hasta la cuenta de twitter de un director del Registro de la Propiedad Inmueble. Y la presentaron proponiendo la figura del ahorrista como víctima. El gobierno, o el presidente, marcaron una agenda el día después: “los dólares son para la producción”. Y… los dólares son una verdadera manta corta. El clivaje entre producción y ahorro no organiza el estado de ánimo de la sociedad (incluso porque una parte del ahorro también es inversión). La discusión, en tal caso, es con el “acopio”.

Pero si la noticia se presentó como un ataque al “ahorrista” (el ciudadano de los 200 dólares), el gobierno entonces aparece como el enemigo del ahorrista. Recordemos esa figura del 2001: “¡Chorros, chorros, chorros / devuelvan los ahorros!”. El corolario de diciembre de 2001 tuvo su cifra ahí, en el estafado por el corralito. La larga década del 90 y su consenso no terminaron solo por la protesta de los excluidos, sino por la protesta aluvional de los incluidos. Una fe derrumbada por su exceso de creencia. El que puso dólares y quería retirar dólares, parafraseando a Duhalde. Venimos de ahí…

¿Y quién es la víctima de estos días, qué pareció quebrarse? Una cierta idea de clase media que de nuevo al peronismo se le va de las manos. El “cepo” se compaginó con otra sensación vidriosa: la salida de empresas del país. Desde Falabella (emblema del consumo de los años 2000), que efectivamente salió, hasta Glovo, que fue adquirida por otra compañía. Este escenario muestra el problema de la lentitud del gobierno en “la lucha por la interpretación”, e incuba un temor: dañar la relación entre el Frente de Todos y su voto más “débil”. Los votos no intensos de capas medias. Los que votaron por afuera de la grieta.

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