jueves 16 de agosto

“Te voy a hacer sufrir”: la pesadilla de la extorsión sexual digital

Titila un mensaje en el Messenger de Facebook: “Estoy en mi habitación, me encanta el sexo. ¿Estás solo en casa ahora?”. La que escribe el texto es una rubia divina que chatea con Maxi, 45 años. Le dice que le mostrará su cuerpo desnudo en pantalla, pero que él, a cambio, debe hacer lo mismo. Prosigue el diálogo y se abren dos opciones: ¿se masturba en cámara o desiste de proseguir la conversación? Esto extrañó a Maxi: ¿por qué una desconocida estaría tan deseosa de desnudarse en cámara? A los pocos segundos “Theddy”, la chica en cuestión, inició la extorsión: “Juro por Dios que este video desnudo se verá en tu ciudad, lo verán tus amigos. Quédate quieto en cámara, cálmate y haz lo que te digo”. Acto seguido, al no recibir respuesta, todo el currículum de Maxi (tomado de LinkedIn) y otra información personal empezó a ser enumerada en el chat, como presión para la extorsión: tenemos todos tus datos.

Lo que Maxi estaba sufriendo es lo que se conoce como sextorsión: generar, en alguna red social, un vínculo en apariencia inocente que deriva en una conversación subida de tono, un videochat en el que la víctima esté dispuesta a mostrar su intimidad, y ahí dar el zarpazo: chantajearla, prometiendo mostrar esos videos íntimos (por breves que sean) en todos sus círculos sociales, que la propia víctima brindó en forma voluntaria al entrar en contacto vía Facebook.


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