Tecnofilia versus tecnofobia: el nuevo campo de batalla cultural

En el auditorio de uno de los templos tecnológicos más influyentes del mundo, un puñado de infieles dispara contra los nuevos dioses: la santísima Internet, los omnipresentes (y omniscientes) celulares, los robots y todo aquello que huela a tecno. Empujadas por catapultas, las sentencias de estos herejes se estrellan contra los muros internos del MediaLab del MIT, en Cambridge, Estados Unidos, donde la tecnología es magia y la innovación, un mandamiento. La audiencia aplaude, celebra el coraje de decir lo que no se dice, aquello que en silencio aguarda por detonar debajo de la superficie de los mensajes publicitarios que nos envuelven con sus imágenes y promesas de felicidad, confort, una vida hiperconectada, plena y llena de corazoncitos.

Sherry Turkle y Nicholas Carr son los representantes de una resistencia conformada por psicólogos, periodistas, sociólogos, historiadores y antropólogos que, en minoría, le hacen frente desde sus libros, charlas y artículos al gran relato tecnofílico moderno que empuja eternas revoluciones, el dominio de «lo último» y la falsa creencia de que más tecnología es la prescripción médica para la solución de todos nuestros problemas.