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viernes 15 de octubre de 2021
Cursos de periodismo

«The Post», alimento para nostálgicos

Estos días proliferan los artículos elegíacos motivados por The Post, la película de Spielberg sobre los papeles del Pentágono. Grandes periodistas evocan esos años con cierta nostalgia proustiana: ¡ah, el tiempo perdido! Atribuyen al director, al modo de Wordsworth, haber rescatado la grandeza del recuerdo aunque nada pueda ya devolver “el esplendor en la hierba”. Y celebran su filme, que The New Yorker califica de oda al periodismo, en clave de réquiem.

Como suele suceder, la tentación del “cualquier tiempo pasado fue mejor” es discutible, incluso sobre el periodismo, que ciertamente atraviesa tiempos difíciles. Conviene leer bien la copla de Manrique, porque él escribía “cómo, a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor”. La clave es ese a nuestro parecer, es decir, el espejismo de pensar que el tiempo pasado fuese mejor porque éramos jóvenes y teníamos ilusiones. Estos días, tras ver The Post, hay algo de esto. O mucho.

Ciertamente hay unos años brillantes para el periodismo americano, entre la cobertura de la matanza de My Lai de Hersch, los papeles del Pentágono, el Caso Watergate o lo de Jack Anderson sobre la guerra India-Pakistán. Era un periodismo que arrastraba la mala conciencia de la Guerra Fría y el maccarthysmo, cuando actuaron como quinta columna de la Casa Blanca, e incluso callaron la enfermedad de Eisenhower para no debilitar a EE UU. En todo caso, confundir esos “momentos estelares de la humanidad” con la realidad del periodismo es absurdo. Para verse en el cine, es más fácil en Primera plana, con un cinismo al borde de todos los pecados, o Ausencia de malicia, sobre los periodistas usados como transmisores de mensajes no contrastados. Puestos a pensar en la profesión, eso ha sido más el día a día que la épica no exenta de narcisismo de Graham y Bradlee.

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