¿Tiempo de primavera para el nacionalismo?

¿El populismo todavía está en ascenso? Esa pregunta se cernirá sobre las elecciones en Israel, India, Indonesia, Filipinas, España y la Unión Europea en los dos próximos meses. Sin embargo, será inapropiada, ya que la verdadera contienda es entre nacionalismo e internacionalismo.

Sin duda, la división nacionalista-internacionalista está siendo impuesta por la fuerza por los propios populistas, particularmente el presidente norteamericano, Donald Trump, cuyo desdén instintivo por las leyes y las instituciones internacionales es claro desde ya hace tiempo. Pero también está siendo explotada por políticos más convencionales, incluidos algunos en la más multilateral de las instituciones, la Unión Europea, que está experimentando un cambio profundo en su dinámica política interna.


El término populismo simplemente describe una técnica de campaña utilizada por políticos insurgentes de toda índole. Por ende, su poder como epíteto político ha disminuido con el uso, especialmente en los años que transcurrieron desde el referendo del Brexit y la elección de Trump. Una vez en el poder, los populistas tienen que gobernar para complacer a sus votantes o, de lo contrario, arriesgarse a una derrota en la próxima elección.