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jueves 25 de febrero de 2021
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Tiempo y política en Formosa y Argentina

Cuatro mujeres se abrazan en la orilla. Acaban de tirar cenizas al mar. Despedida, rito. Así están un largo rato. Tomé una foto a una distancia en la que no se distinguieran sus caras. Era el atardecer. A unos metros de ellas otra mujer metida hasta la cintura del mar con una red de mediomundo intenta sacar peces. Puse las fotos en Facebook. Y al rato me comenta una mujer que sabía de quiénes se trataban las fotos de las mujeres abrazadas. Me dijo así: “¿Y si además te cuento que eran las cenizas de un combatiente de Malvinas, que el domingo murió de Covid?”. El excombatiente era de Mar del Plata.

Ni por lejos aún sabemos todo lo que se llevó el Covid. O peor: lo que aún resta llevarse. Historias, vidas, lo de siempre. Varias semanas tardó gran parte de la prensa argentina híper crítica sobre las idas y vueltas de las promesas de vacunación en reconocer que el problema es mundial, que hasta ahora uno de los países modélicos es Israel. Los países pretenden comprar más vacunas de las que necesitan. Los países del primer mundo negocian más y mejor que los del tercer mundo. Y los laboratorios, en fin, los laboratorios. Tal vez el Covid no vino a cambiar el mundo, sino a mostrar cómo funciona.

La Pandemia para muchos nos hizo caminar en el borde de las contradicciones privadas (qué hacer, qué no, qué contradecirse) y en el borde de las contradicciones públicas (que no es lo mismo). Por un lado, como ya dijo Alejandro Kaufman, se hace evidente y visible ese grado cero de lo estatal (morimos, nacemos, alguien nos anota, en el medio nos vacunamos) y por otro lado cierto brío que imaginó que fue más fácil parar el capitalismo antes que sea el fin del mundo. Pero acá estamos, sin cancionero, sin tantas ilusiones, con capitalismo y en la cola de las vacunas.

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