Tímidos del mundo, estamos perdiendo Internet

Internet llegó a mi casa en octubre de 2001. Yo acababa de cumplir once años y supe antes del Messenger de Microsoft que de las aurigas de Platón. Pronto empecé a dedicar las tardes a chatear con desconocidos, principalmente en tres sitios: el chat de Terra, el del diario deportivo Sport y el de la web oficial de Pokémon. Bendita inocencia.

Un año después creé mi primera web. Tenía doce años y cero conocimiento sobre nada, pero me gustaba esa sensación de tener un altavoz en el que nadie podía juzgarme por mi edad o por mi corta estatura de prepúber, porque no las sabían. En los chats ocurría lo mismo. Muchos de los que dedicábamos horas a la red por puro ocio en esa época de un Internet dominado por el texto éramos básicamente gente demasiado joven como para ser tomada en serio en el cara a cara, gente demasiado insegura con su propia imagen o simplemente inadaptados al Mundo Real™.